Espeleobuceo en Cuba, una actividad fascinante, peligrosa y difícil (+fotos)


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La exploración de cavernas inundadas mezcla el buceo con la espeleología, en un ambiente de difícil acceso, pero de impresionante belleza. En Cuba se practica desde hace varias décadas por especialistas preparados en esta actividad.El archipiélago cubano cuenta con un área total de 110 mil 922 kilómetros cuadrados, y la mayor parte de este terreno es cársico, lo que hace que sea el país con más cuevas por kilómetro cuadrado en el mundo.

Conocedores de esta espeleoriqueza fundaron en 1940 la Sociedad Espeleológica de Cuba (SEC), de la cual el pionero y presidente por 60 años fue el capitán y Dr. Antonio Núñez Jiménez.

También iniciador, en 1962, de la exploración de cavidades inundadas, en la Laguna del Valle San Juan, en la Península de Guanahacabibes, Pinar del Río, donde se exploraron un total de cinco cuevas en aquel momento.

La modalidad de Buceo en cavernas es la rama más peligrosa de este y la espeleología, pero al mismo tiempo, para los que se adentran en este insólito mundo, depara sorpresas y espeleotemas solo vistos en este medio.

En la Cordillera de Guaniguanico se bucearon algunos tramos de sifones fluviales, localizados en la Gran Caverna de Fuentes y la Caverna El Altar.

La Habana a pesar del deterioro de sus cuevas por la gran urbanización, cuenta con algunas espeluncas sumergidas en la llanura Sur, las que fueron estudiadas con detenimiento.

Entre 1962 y 1979, fueron fundadores del espeleobuceo el Dr. Nicasio Viña, Ángel Graña, Roger Montañés, Rafael Mesa, Orestes Aguiar y el propio Núñez Jiménez.

Conocieron y exploraron un buen número de espeluncas de toda la isla, como la cueva de Juanelo Piedra, en la actual Mayabeque; el lago de los Peces Ciegos, en la caverna de La Pluma; y las cuevas del Cepero (conocida hoy como Saturno) y del Agua, en la zona de Carboneras, en Matanzas.

Las mujeres no se quedaron atrás en esta peligrosa práctica, pues Mireya Jiménez (primera Instructora en el país), junto al fotógrafo subacuático Oriol Menéndez, y los buzos Ricardo Hernández y Juan Herrera, participaron junto a Orlando Soler y Ercilio Vento, miembros del grupo Espeleológico “Carlos de la Torre “, en el mapeado y cartografiado de cavidades.

Estas exploraciones se realizaron con la técnica y el equipamiento de aguas abiertas, desafiando el medio y sacando a la luz pública un paisaje maravilloso, que motivó a una segunda generación de espeleobuzos, los cuales emprendieron sus actividades en la década de los ochentas.

Entre 1980 y 1991, esta práctica adquirió un mayor auge; pues se realizaron expediciones Cubano-Checoslovacas, con miembros del Club de Espeleología Subacuática Hranicky Kras y el Grupo Espeleológico Martel de Cuba.

En varias provincias del país se crearon grupos de exploración como El Guaniguanico, en Pinar del Río, que tenía su propio grupo de espeleobuceo a cargo de Pedro Luis Dorta. Exploró y estudió residuarios arqueológicos en la laguna de San Juan y de interés espeleológico en los lagos colgantes de la cueva Cumpleaños, en sierra Guasasa, los que aportaron datos a valiosas investigaciones.

Con el Grupo Espeleológico Gibara, comandado por José Corella Varona (Joselín), se exploró Tanques Azules de Gibara, en la zona oriental, una caverna sumergida de increíble belleza, que sobrepasa los dos mil metros de galerías sumergidas.

En Camagüey, a finales de los años 90, miembros de los espeleogrupos Biokarst, Neptuno, Guaniguanico, la Sección Nacional de Espeleosocorro y la de Espeleobuceo de La Habana descendieron, en la Sierra de Cubitas, a la Sima de Rolando, una cavidad vertical de 82 metros de altura hasta el espejo de agua.

Este ha sido el mayor reto, desde la óptica de la progresión vertical, implicado en una exploración de espeleobuceo. La expedición combinó de forma certera dos actividades de máximo riesgo con un final feliz, al alcanzar el manto freático los buzos Abel Pérez y Pedro L. Dorta, quienes ubicaron una galería de más de 150 metros.

Por fin el 27 de agosto de 1991, se constituyó en La Habana la Sección de Espeleobuceo, formada en sus inicios por 12 espeleólogos.

Conformaron este embrión: Abel Pérez, Eduardo Nieto, José M. Aguirre, Jorge Clinche, José B. González (Pepe), Reinaldo Suárez (El Pata), Carlos Rodríguez, Freddy L. Cámara, Ernesto López, Alfredo Debraz y Carlos H. Soler (Baldoquín).

El mayor reto para los espeleobuzos Abel Pérez y Pedro L. Dorta fue la exploración de la galería El Pozo de la cueva de Chicharrones, examinaron 500 metros usando la técnica Side Mount, pasando una peligrosa restricción; duró cuatro horas, contando la descompresión (eliminación del nitrógeno residual en sangre mediante paradas).

Con la instructora Kate Lewis, de la Asociación Nacional para el Buceo en Cuevas de Estados Unidos (NACD), por sus siglas en inglés, en 1999 se realizó un curso especializado, en el cual se exploraron e instalaron las cuevas de Los Quintana y de Pozo Azul, en la costa norte de la provincia de Matanzas.

En el año 2000, con mejor preparación, miembros de los grupos Biokart, Fernando Ortiz y otros espeleobuzos de la SEC exploraron la cueva de Luis Piedra y se instalaron más de 500 metros de cuerda guía.

Durante aquel año, a raíz de un lamentable accidente ocurrido en junio en la Poza de Juan Claro, Pinar del Río, donde perdieron la vida cuatro buzos de aguas abiertas, se decidió que la Sección de Espeleobuceo adquiriera carácter nacional.

Por primera vez, se realizo en Cuba un curso de rigor en la especialidad, impartido por los instructores Andreas Matthes, Kate Lewis y Benjamín Sacristán.

En el año 2003 visitaron el país miembros de la Federación Mexicana de Actividades Subacuáticas (FMAS) y de su comisión de buceo en cuevas.

Se entablaron relaciones de colaboración entre ambas instituciones, con los instructores Juan Carlos Carrillo y German Yañes. Tales lazos han redundado en la seguridad del buceo y en la formación de instructores dentro de la Sección Nacional de Espeleobuceo de la SEC.

Con la refundación de la Federación Cubana de Actividades Subacuáticas (FCAS), afiliada a la Confederación Mundial de Actividades Subacuaticas (CMAS), se constituyó la Comisión de Espeleobuceo, en el comité técnico de FCAS y se suscribieron convenios de colaboración entre FCAS y la SEC.

Entre el 2001 y el 2004 se impartieron cursos de Espeleobuceo Avanzado, de las agencias Technical Diving International (TDI) y NSS-CDS a un grupo de cinco compañeros que crearon por fin una masa de Instructores de Espeleobuceo en Cuba.

El área de los Abalcones (nombre típico que reciben las casimbas o cenotes en la región) de Cienfuegos es posiblemente la de mayor incidencia de cavidades inundadas por kilómetro cuadrado en el país y puede arrojar resultados importantes sobre espeleobuceo, geomorfología, arqueología y biótica.

Por esto se ideó el Proyecto Integral Estudio Multidisciplinario de los Abalcones de Cienfuegos.

Entre los logros más relevantes obtenidos mediante el espeleobuceo están:

– La filmación del Documental Los Cueveros, entre los miembros del grupo espeleológico Biokarst y la SNE-SEC, con la TV Suiza, en cuevas de Pinar del Río, Matanzas y la Isla de la Juventud, en agosto del 2000. – Mantener la exploración y estudio de las cuevas inundadas durante más de tres décadas.

– La sistematización del estudio, la conservación y protección de las cavidades subterráneas y en especial de las cuevas inundadas, pues se pretende entrenar, capacitar y titular según las normas nacionales a todos los espeleobuzos de la SNE y, de esta forma, garantizar la práctica segura de esta actividad.

También se coopera y participa, a través de convenios de trabajo, con la Sección Nacional de Espeleosocorro, en salvamentos y rescates por accidentes.

En la trayectoria recorrida hasta hoy, se encuentran los trabajos de las cavidades exploradas en la Isla de la Juventud y en Artemisa y Quivicán, donde se localizan las cuevas freáticas más bellas y laberínticas de Cuba.

Pero hasta la fecha, es Matanzas la provincia más abundante en accidentes cársicos inundados y explorados en toda la isla.

Está comprobado que la cueva de mayor recorrido en el país es Tanque Azul, en la provincia de Holguín, la que tiene explorados dos 800 metros de galerías inundadas, y que no sólo es reconocida por su espeleometría, sino también por la belleza de sus formaciones secundarias.

La más profunda en nuestro país es El Ojo del Mégano, de origen freático, con 70 metros de profundidad, hoy bajo las aguas del Estrecho de la Florida, lo que constituye una muestra más de los importantes cambios que ha sufrido el nivel del mar durante las últimas glaciaciones.

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