Amor de cuerpo y alma


Los santiagueros Vitelio Ruiz Hernández y Eloína Miyares Bermúdez viven cada día el orgullo de ser el único matrimonio del país conformado por dos Héroes del Trabajo de la República de Cuba
Los santiagueros Vitelio Ruiz Hernández y Eloína Miyares Bermúdez viven cada día el orgullo de ser el único matrimonio del país conformado por dos Héroes del Trabajo de la República de Cuba

Hay amores que no caben en una alcoba,  un hogar, ni siquiera en una  ciudad. De tan especiales rompen  las ataduras de lo íntimo para convertirse  en una suerte de espejo público  en el que tantísimas parejas  quisieran verse reflejadas.

Bienaventurados esos amores.  Bienaventurados, sin duda, Julio Vitelio  Ruiz Hernández y Eloína Miyares  Bermúdez, dos santiagueros que  desde hace casi 60 años comparten  absolutamente todo, así de literal:  besos, caricias, abrazos, magisterio,  paternidad, responsabilidades,  ciencia, desde la lingüística, e incluso,  el título honorífico de Héroe del  Trabajo de la República de Cuba.  

Tamaña ligazón entre cuerpo y  alma tiene, por supuesto, una solidez  cimentada en el tiempo, desde  el ya lejano 1943, cuando la Escuela  Normal para Maestros de Oriente  los juntó por siempre en un mismo  sendero.

Ninguno de los dos midió consecuencias,  ni calculó ventajas para  entregarse, tan solo dejaron que  brotara espontáneo aquello que les  sacudía el corazón y hasta el estómago.  Por eso hoy la remembranza  de cuanto han vivido les llega  con la misma calidez de la primera  ocasión: el beso que mutuamente  se robaron en la penumbra de un  cine, el “sí, acepto” de aquel 27 de  noviembre de 1952 cuando se casaron,  el llanto de anunciación de sus  ocho hijos, las muchas horas de estudio,  la investidura de Vitelio como  Doctor en Ciencias Filológicas, y de  Eloína como Doctora Honoris Causa  de la Universidad de Oriente, la edición  de sus libros, la fundación del  Centro de Lingüística Aplicada de  Santiago de Cuba…

Pero nadie crea que alcanzar  cada escaño fue tarea fácil, todo lo  contrario, nunca faltaron días de sacudidas  telúricas.

“Hubo momentos muy tensos  —recuerda Eloína con su habitual  tono reposado— por mucho tiempo  Vitelio estuvo fuera del país en sus  estudios de doctorado y yo quedaba  al mando de todo, con ocho varones  de armas tomar y asumiendo, además  de la mía, la docencia de él,  pero siempre se encuentran soluciones.  Una muy personal la aplicaba  cuando los niños subían de  tono su habitual intranquilidad,  entonces les repartía libros y a leer  todos, claro, sin que ellos dejaran  a un lado el bate, la pelota o el  trompo; en verdad la lectura aporta  conocimientos, habilidades ortográficas  y desarrollo de la imaginación,  la recomiendo como una  cuestión que deben estimular las  familias, al igual que la conversación  entre sus miembros para que  se comprendan más los unos a los  otros”.

“Comprensión y respeto —acota  Vitelio— dos cuestiones claves  que deben ser cultivadas desde la  pareja, no importa la edad que se  tenga; el amor, para que no se agote  nunca, para que jamás sucumba  al paso de los años, siempre necesitará  de ambas cosas”.

Tal vez por esos condimentos  tan especiales estos dos trabajadores  de la ciencia en Santiago de  Cuba se acercan ya a las seis décadas  de matrimonio sin que se  apaguen los deseos de continuar  unidos, planeando nuevos textos y  proyectos a favor de un mejor uso  del idioma, desandando los caminos  de la vida, aun en medio de  golpes tan devastadores como el  vacío que dejan dos hijos ausentes  físicamente, o la mirada ya apagada  en los ojos de Vitelio a causa del  glaucoma.

Apegarse más ha sido el talismán  personal de ambos contra los  tropiezos, y no dejar de trabajar,  con las ideas que él aporta y ella  escribe, refugiándose cada uno en  el otro, aceptándose como son, perdonándose  los errores y zanjando a  tiempo los disgustos, a la usanza  de todos los enamorados del mundo:  con palabras, o flores, o poemas,  o simplemente una sonrisa.

Por eso, cuando de amores en  pleno siglo XXI se hable, habrá  que contar la historia de Vitelio y  Eloína, protagonistas de una pasión  heroica, o de héroes, que no es  lo mismo, pero es igual.

 

Tomado de Amor de cuerpo y alma

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