Milagros de la Moringa


Tengo razones para asegurarle que asistimos por estos días, a un evento novedoso, a una especie de tendencia social, semejante a esas que surgen soportadas en un objetivo sociocultural, político o religioso determinado y resultan seguidas fielmente por un grupo de personas. Sin embargo, esta es diferente.

El primer contacto con el asunto lo tuve en casa, algunos meses atrás, cuando mi madre, conociendo mi preferencia por las infusiones, me presentó intencionalmente y con una sonrisa cómplice una taza humeante de algo, a su entender muy saludable. ¿La receta?, había circulado rápidamente, junto a un “prospecto” por su centro laboral.

La segunda ocasión en que escuché hablar del tema, fue en una controversia entre dos abuelas. La primera, con risa burlona y en tono delator me dice: “¡Pregúntale, pregúntale por ese curatodo que está tomando!” La segunda, con la irritación de quien es atrapado en plena fechoría y en maniobra de prueba irrefutable, alzó la pierna derecha en perfecto ángulo gimnástico, dejando a todo el auditorio perplejo. Y concluyó: “¡Ya no me duele ningún hueso!”, acto seguido sacó de su cartera un documento con la fórmula secreta.

El misterio se encontraba en una planta llamada Moringa, de propiedades desconocidas hasta hace poco por muchos de nosotros y presente en gran parte de los patios familiares. El “árbol de la vida”, poseedor de componentes medicinales que superan a varios productos naturales juntos, tuvo su primera aparición en la provincia a través de folletines ilustrados en las delegaciones municipales de los CDR o trascrito a lápiz en cualquier tipo de hoja, en muchas de nuestras casas.

Días después, en una secuencia casual, fui encontrando nuevos motivos, cuando en mi barrio repartieron casa por casa, plantones del árbol y alguien me platicó que en una reunión de vecinos habían servido, como adorno culinario sus flores en los platos de dulces  ¡y hubo que repartirlas porque todos la querían probar!

No es para menos, según los catálogos, la planta cuenta con propiedades nutritivas y curativas; por solo mencionar algunas: anti-inflamatorias, analgésicas, protectoras del hígado, antihipertensivas, productoras de hormonas. Promueve el crecimiento del pelo, hidrata, fortalece músculos y huesos, mejora la alerta mental, la memoria y la capacidad de aprendizaje, fortalece el sistema inmunológico, mejora la salud cardiovascular y rejuvenece el cuerpo.

No pocos han sumado a su dieta diaria la planta milagrosa. Las recetas la incluyen en ensaladas, infusiones, pastas, salsas, sopas, guisos, mezclada en jugos o diferentes platos comunes y ¡hasta se pueden aprovechar como condimento sus hojas secas y molidas!

Si bien es cierto que hubo quienes se resistieron a probarla, escudados en la duda por la ausencia de publicidad, muchas personas pusieron en marcha auténticos huertos familiares de Moringa, fue consumida y promovida su siembra en instituciones y organismos sociales de la provincia, pero, sobre todas las cosas, ya hace algún tiempo está en boca (y no es una metáfora) de mucha gente.

Nuestro líder histórico, el compañero Fidel Castro, recientemente se refirió a  su utilidad en las líneas de una reflexión al pueblo cubano. Para los agnósticos será una luz verde a su consumo, para quienes impulsaron su práctica desde las recetas hogareñas, un estímulo agradable, de esos que se descifran inconscientemente cuando decimos: “te lo dije”.

¿De que haga milagros?, sí lo creo, tan solo hay que ver el efecto que ha causado en los tantos abuelos que la consumen en busca de alivio y dicen sentirse mejor e incluso, más jóvenes (como aquella querida abuelita con su representación gimnástica). Lo cierto es que la adicción a la Moringa crece como una fiebre y, con lo mencionado anteriormente, al parecer una muy saludable.

Así pues… un buen día me descubrí parte de ella, cuando comencé a anhelar inconscientemente la infusión misteriosa de mi madre y la curiosidad me llevó a escribir sobre la Moringa. Incluso ahora me surge la duda ¿Usted también estará contagiado?

Tomado de Milagros de la Moringa

5 thoughts on “Milagros de la Moringa

  1. Me pregunto si realmente terminará siendo tan maravillosa. Hay impactos que no son apreciables a tan corto plazo (los ambientales, por ejemplo). Ojalá que este no sea un fiasco. Yo no creo que sea agradable su consumo, será milagrosa y todo lo que quieran decir, pero no es “rica”, ni “olorosa”. Es como un novio bien feo bien feo, pero tan bueno que uno se tapa no un ojo, sino los dos.

    1. Bueno la verdad es que pude ver como algunas personas la conumían en un centro de trabajo, y bien elaborado, no se quejaban del mal sabor ni olor, aunque la verdad es que recuerdo el noni y sabía a rayo, de todas formas me gustó mucho su comentario de los novios feos jajajaja

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