Tesoros del museo más antiguo de Cuba (+fotos)


Museo Provincial Emilio Bacardí, primero creado en Cuba
Museo Provincial Emilio Bacardí, primero creado en Cuba

Por Armando A. Céspedes C.

Santiago de Cuba, 16 oct.- La antigua villa colonial, hoy ciudad de Santiago de Cuba, guarda innumerables sitios de excelencia. Uno de ellos es el museo municipal, actualmente provincial, Emilio Bacardí Moreau, lugar muy vinculado a la historia local y nacional.

En ese sagrado sitio se pueden encontrar las más disímiles reliquias atesoradas por dos santiagueros dignos: Don Emilio y su esposa Elvira Cape y Lombard. Por eso, le sugiero que si visita la urbe o vive en ella, vaya y disfrute de las muestras relacionadas con José Martí.

Inauguración del Museo Provincial Emilio Bacardí
Inauguración del Museo Provincial Emilio Bacardí

Allí, ante el asombro de nuestros ojos, podemos sentir muy de cerca su figura, su respirar, sus anhelos de independencia para Cuba, cuatro letras sagradas de nuestra nación, y hasta sus dolencias.

Lo primero, si quiere echar marcha atrás en el tiempo, es contemplar con absoluto dolor tres rocas de la habanera cantera de San Lázaro, lugar donde realizó trabajos forzados por una condena impuesta por las autoridades españolas en 1871, siendo casi un adolescente, período de su vida que le hizo confirmarse como un severo luchador contra los desafueros hispanos en la colonia de Cuba.

Ello, además, nos hará recordar los grilletes que le marcaron el alma y la piel, luego convertida una parte de ellos en una sortija regalada por su madre, con el nombre de Cuba, su gran amor, y que le hizo vestir para siempre de color negro, luto imperecedero por su país, atuendo que solamente cambió al pisar tierra cubana el 11 de abril de 1895.

Más acá en el tiempo se abre la memoria, y nos imaginamos su azaroso apostolado, esta vez representado por uno de sus trajes: la levita negra, el saco y el chaleco que utilizara en tribunas de Tampa cuando pronunciara los discursos nombrados Con todos y para el bien de todos, con fecha 26 de noviembre de 1891, así como el de Los Pinos Nuevos, realizado al día siguiente.

Sin olvidar que allí está, casi sin identificación de colores por el paso del tiempo, una bandera que adornaba la tribuna en la que pronunciara un discurso encendido a los emigrados de Cayo Hueso, aquellos que le dieron, sin remilgos, lo que se necesitara para liberar a la Patria oprimida.

Foto antigua del interior del Museo Provincial Emilio Bacardí
Foto antigua del interior del Museo Provincial Emilio Bacardí

Una pluma nos sorprende, pues de ella salieron varios escritos, entre ellos, una carta dirigida al Mayor General Antonio Maceo cuando el valiente guerrero vivía en Costa Rica. Ello nos hará recordar sus ardientes llamados a luchar por la libertad de Cuba; a su lado un pisapapeles, ¡cuántos ardientes documentos estuvieron bajo su fiel custodia!

Poco sabemos de la sagacidad del Apóstol, y por eso de inmediato se abre ante nuestros ojos asombrados un hermoso estuche dental, de los que solían utilizar los especialistas, pero con una artimaña: un doble fondo en el que el Maestro enviaba documentos al doctor Zambrano en la ciudad de Manzanillo, en 1894. ¡Por liberar a Cuba valían todos los procedimientos!

Al fin, llegó el día del arribo a costas cubanas, es el 11 de abril de 1895. Martí, Gómez y otros cubanos se montan en un bote bajo la lluvia entremezclada con la luz de la luna, y reman hacia la tierra amada.

Uno de los remos está allí, ante nuestros ojos con una sigla B:F:Co, pero eso descubrir su significado no tiene valor; lo que vale es sentir el puño firme y tenso de quienes lo utilizaron para arribar pronto a la playita de Cajobabo.

Allí aun se pueden sentir los gritos reprimidos o alegres de los expedicionarios, se escucha el ruido potente cuando se mete el remo en el agua oscura del Mar Caribe, cuando se tensan los brazos, los del Apóstol Martí entre ellos.

Callejón Bofill, en el Museo Emilio Bacardí, donde se puede respirar el ambiente colonial de Santiago de Cuba
Callejón Bofill, en el Museo Emilio Bacardí, donde se puede respirar el ambiente colonial de Santiago de Cuba

Pero hay más.

Se siente el caminar, transitar entre montes, cruzar ríos, contemplar árboles, dibujarlos, describir sus bondades, mirar con ojos sagaces de botánico, de geógrafo, de estudioso de la naturaleza le va marcando el tiempo, el día a día en su diario de campaña.

Su traje claro, sus botas altas, su ropa; su corbata de seda negra, el pañuelo para secarse el sudor o la lluvia perseverante están allí, delante de nuestros ojos, aun viven en el cuerpo del Maestro.

Pero, cae gloriosamente el 19 de mayo de 1895. Su ímpetu le juega una mala jugada: cae ante las balas enemigas. Su cuerpo exánime lo recogen los españoles quienes presurosos lo trasladan y entierran.

En el museo están instrumentales médicos, algunos de ellos, utilizados con fecha 24 de mayo de 1895, para exhumar su cadáver y embalsamarlo, y le seguro que son un golpe severo a los sentidos.

¡Qué dolor sentir que aquellos ingenios arrancaron partes del Maestro! Y sube de tono la sorpresa cuando se lee el acta de la exhumación de esos restos con puño y letra del Dr. Pablo V. Valencia, con fecha 24 de mayo de 1895, en Remanganagua.

Colocación de la primera piedra en la construcción del Museo Emilio Bacardí.
Colocación de la primera piedra en la construcción del Museo Emilio Bacardí.

En el documento aún se lee:

1º. Se cree que (el cadáver) tendrá próximamente unos 48 años.

2º. A la sazón en que desembarcó en esta Isla por ponerse al frente del movimiento revolucionario, estaba regularmente nutrido, constitución regular y temperamento biliares, aunque delgado, bien (…), de estatura regular…

Además, se une una copia escrita a máquina del Acta referida a la identificación y enterramiento del cuerpo de José Martí, a lo que se unen restos de aquel ataúd de madera que apenas costó 8 pesos, pero que tuvo al cadáver del Mártir de Dos Ríos en su traslado hacia la ciudad de Santiago de Cuba.

Y por si fuera poco allí la tarja de mármol del nicho número 134, el lugar donde descansaron sus restos en el Cementerio Patrimonial Santa Ifigenia, el mismo sitio que fuera acremente criticado por Salvador Cisneros Betancourt, al decir que no era meritorio de la estatura de Martí; tales palabras levantarían el entusiasmo y esfuerzo de las maestras de la escuela pública santiaguera No. 3 Spencer, y luego de toda la ciudad y de Cuba.

Por último, allí dentro de la vitrina cuelga el fusil que llevara el Maestro entre sus pertenencias. Permanece mudo, y aunque no lo crea, apuntando hacia el mismísimo Norte, aquel que criticara señalándolo como “revuelto y brutal que nos desprecia”. ¿Coincidencia?

Culmino con esta visita. El lugar guarda celosamente las pertenencias del Delegado del Partido Revolucionario Cubano, del Mayor General, del Ejército Libertador del Héroe Nacional de Cuba.

Ellas nos dicen a todos los cubanos de buena voluntad, que no pueden ser, no son, ni serán nunca simples objetos museables sino verdaderos tesoros de la historia cubana presentes en el museo provincial EMILIO BACARDÍ MOREAU, de la antigua villa de Cuba, hoy ciudad de Santiago de Cuba.

Emilio Bacardí Moreau
Emilio Bacardí Moreau

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s