La guaracha: reina de la cubanía


guaracha_cuba
Por Felix Contreras (poeta y colaborador de Prensa Latina)

La Habana (PL).- La guaracha es el género de música cubana más conectado a la calle, a lo cotidiano, a los asuntos de la gente, nacida en la escena del teatro popular se nutrió de todo: danza, contradanza, valses, polkas y otras yerbas musicale.

Ha acompañado al cubano a través de las diferentes y sucesivas etapas de su historia, con mayor presencia en determinadas épocas como en las primeras décadas del siglo XX cuando, incluso, es uno de lo ritmos favoritos de las casas grabadoras.

En sus comienzos es bronca, espontánea en exceso, pero gana poco a poco en acabado, se decanta, se pule cuando ingresa a los retos del disco y las plateas del Martí, Alhambra, Campoamor, Payret y otros teatros de la Habana y, Santiago de Cuba, Camagüey y otras ciudades de la isla.

Gana, sin demora, el favor de otros públicos latinoamericanos que la reciben con compañías habaneras de revistas de bufos, al punto que Salón México, en la capital de ese país, devino una suerte de santuario guarachero. Al igual, en Mérida y Veracruz la guaracha hace las delicias de las rumberas locales.

Fue, sin dudas, en el Teatro Alhambra (Consulado y Virtudes), entre 1900 y 1935, donde el género alcanza su esplendor, su total fisonomía estructural temátic melódicica.

Todas la condiciones estaban dadas: fin de la guerra de indepedencia, normalización del país, establecimiento de la república y de la vida productiva y económica, y los buenos músicos que estaban o que llegan de España.

Otra gran figura del teatro alhambresco fue Adolfo Otero que, caracterizado como gallego junto al “negrito” Sergio Acebal, acumularon un extenso repertorio de guarachas como Pum, pam, pum, Pobrecitas las mujeres, Cuidado con el perro, Siembra para comer, El montuno, Camaján y otras que reflejaban el acontecer socio político de la isla (ley del divorcio, pugnas políticas, el gobierno cubano y las compañías norteamericanas, etc.)

La nómina es extensa, aunque su más emblemático compositor fue José Antonio Rodríguez, Ñico Saquito, autor de deliciosas piezas que aún su frescura, como la infaltable María Cristina.

El inquieto Ñico encuentra en la cantante puertorriqueña Myrta Silva a su máxima intérprete y, para ella escribe guarachas que alcanzan enorme popularidad: El golpe de cintura, Esto es lo último y, sobre todo, Camina como chencha la gambá, con las que la boricua triunfa ruidosamente en los estudios de Radio Progreso Regreso a Cuba durante sus largas temporadas en La Habana y hasta 1960.

El también boricua Daniel Santos triunfó en La Habana alternando el bolero con la guaracha, al punto que hasta hoy es el artista puertorriqueño de renombre más extenso en Latinoamérica, según Cristóbal Díaz Ayala.

Su muy numerosa discografía atesora antológicas guarachas como Péinate ese crespito, Almorzando, Dime…qué te pongo? y las que quizás sean las guarachas más cantadas en Cuba: El ajiaco y El bobo de la Yuca.

Con puntos comunes con Ñico Saquito, también fueron famosísimas las guarachas de Julio Cueva, entre otras, Golpe de Bibijagua, Defiéndete, Chicharrón de palanca.

La guaracha paródica tuvo en el excéntrico musical Carioca (Gilberto Noroña) a su máximo artífice desde su debut en el programa radial para aficionados La Corte Suprema del Arte en 1938, con ocurrentes y graciosas parodias de óperas, tangos y canciones muy conocidas, con su guitarra.

Ese mismo estilo lo transita en el teatro bufo Emilio Ruiz, más conocido como El Chino Wong, actuando por muchos años en el legendario Shanghai (calle Zanja).

Los años de la segunda mitad del siglo XX fueron marco ideal para las voces de Roberto Espí, Roberto Faz y Agustín Robot, respaldados por el excelente Conjunto Casino y aquello de Mi chiquita quiere guarachar (Andrés Díaz) y A romper el coco (Otilio Portal).

En 1956 y, con su propio grupo, Faz vuelve al primer plano de la popularidad con las antológicas Píntate los labios María, No quiero complicación, Yo bailo con ella y otras muchas.

Después de triunfar en La Habana con su Mango mangüe y Baila mi guaracha, en 1948, Francisco Fellove sigue en México mezclando guarachas con otros géneros cubanos, mistura que llamó chua chua.

Una guarachera que se estrena muy temprano en ese género fue Caridad Cuervo (1945-1998), quien legó Mi ruego a Ochún (Mario Michelena), Felipón (Ricardo Díaz), Marineros somos, Más chicha que limoná (José Longarela), En la lata caben más (Ubaldo Castillo).

También llevaron el género a las tablas del teatro popular Arquímedes Pous, Blanca Becerra, Enrique Arredondo, Regino López y otros, mientras en la radio la guaracha fue la gran señora con el trío de Servando Díaz desde 1937.

Los llamados Trovadores Sonrientes plasmaron su muy profesional arte en gran cantidad de grabaciones para la RCA Víctor y viajan por todo el Caribe, América Latina y los Estados Unidos con guarachas, sobre todo, del compositor Ñico Saquito, en las que destacan Cambiaron a Jorge, Yo no escondo a mi abuelita y María Cristina.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s