Maquillaje para nervios (+fotos)


¿Cómo encontrar paz cuando la tierra se retuerce como un perro callejero que afanosamente quiere deshacerse de sus pulgas?

Esa pregunta me viene a la mente cuando intento pensar en la actual situación sísmica que afecta hoy la región oriental del país, en especial a Santiago de Cuba, mientras que convierto el teclado de mi computadora en una terapia ocupacional y Facebook en mi psicoterapeuta personal.

Los científicos aseguran que la actividad sísmica en la región oriental de Cuba puede continuar y que nadie puede pronosticar el futuro inmediato; el Gobierno y el Partido enfatizan en que están tomadas las medidas necesarias; las personas comentan el último terremoto, su magnitud, y siguen con su faena diaria; mi madre mantiene su jaba con medicamentos y alimentos enlatados y se resiste a colocar en su lugar los platos de porcelana y otras figuras decorativas; y yo, a duras penas encuentro sosiego mientras hago malabares con el saldo de mi móvil.

Sin dudas, la zozobra es hoy el enemigo natural de la cotidianidad del santiaguero.

Las personas encuentran consuelo en los más extraños e inhóspitos rincones, a la vez que ponen en práctica esa vieja característica que identifica al cubano en cualquier parte del mundo: el invento.

Tengo un amigo que asegura haber creado el primer sismógrafo casero. Una lata vacía, encima de una mesa, capaz de captar el más mínimo movimiento telúrico, es el mejor aliado en sus noches dilatadas. Dulce, una señora de mi comunidad, declaró a toda voz, en medio de la calle, haber descubierto entre sus dos perros, uno con un olfato premonitor de terremotos. Fifi se llama el can que es capaz de advertir cualquier anomalía, dice ella. Pancha, una vecina de mi barrio, dice que entre temblores es cuando prefiere ir al mercado, así puede pasarle gato por liebre a los dependientes y hacerse de una que otra vianda sin pagar.

Pero más allá de historias costumbristas y hasta medio humorísticas, la verdad es que hoy el santiaguero maquilla su nerviosismo, a veces con una tímida risa, esa que se refleja solo en los labios y nunca en los ojos, y otras con carcajadas histéricas, neuróticas…

La noche, parecía antes el cómplice de los sismos, pero los últimos reportes desmintieron ese enfermizo consuelo.

Desde el pasado 17 de enero, algunas personas jamás han vuelto a colocar en sus pies ningún zapato. Con los pies en la tierra, sienten mejor los sonidos de la tierra. Las ondas sonoras de la CMKC, emisora provincial, ha sustituido esos largos conciertos donde reinaba el reggaetón en las casas. Las personas solicitan recargas a sus móviles y cuentas Nautas, nunca antes habían accedido tanto, desde las zonas Wifi, al periódico provincial Sierra Maestra, en busca de información veraz, actualizada…, confían ciegamente en la Defensa Civil y aclaman una Mesa Redonda que explique más lo que hoy sucede en Santiago. Toda información es útil, agradecida y muy necesitada, como un bálsamo al desespero.

La expresión “nervios de acero” parece que está en desuso en Santiago de Cuba, no se sabe si tiembla la tierra o las piernas, y las únicas palabras que hoy se imploran son: “Santiago volvió a la normalidad”.

Estas son líneas difíciles de escribir.

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