(en fotos) Malecón santiaguero, tierra virgen de historias personales


malecon de santiago de cuba

No es el más grande de Cuba, tampoco el que más historias personales alberga, pero lo cierto es que el malecón de la ciudad de Santiago, con sus escasos metros (unos 450), pocos meses de creado y una infinidad de anécdotas por regalar, es ya una excelente opción para quien quiere pasar una tarde diferente, (re)descubriendo la bahía de la urbe y su entorno.

Sus anchos muros sirven de terreno para casi cualquier locura juvenil, la quietud de una rada que casi parece inalterable y es acariciada por la brisa, el toque distintivo del ir y venir de buques mercantiles, y su descarga, además de un hermoso escenario al frente, verde y casi virgen, parecen ser hermosos ingredientes para una tarde en familia o para enamorar.

Se extraña, quizás, esa vieja fama del santiaguero de ser el más limpio, un sentimiento romántico por tener embellecido y libre de suciedad el lugar, y que, no obstante, no empaña lo que puede ser un lindo paseo, pero que necesita ser atajado a tiempo.

Ubicado en la antigua Alameda de Michaelsen, es este uno de los regalos que más se agradece por el medio milenio de Santiago de Cuba.

Parece que atrás, casi como una línea imaginaria, queda aquella vieja afirmación que dice que el santiaguero vive de espaldas a su bahía, para dar paso a una reconciliación de la ciudad con su rada, un abrazo para ser fotografiado y disfrutado.

 

Santiago de Cuba, sus calles: La Alameda


Paseo la alameda_santiago de cuba_foto antigua

El Paseo de La Alameda o La Alameda de Michaelsen (hoy avenida Jesús Menéndez) es una de las arterias vehiculares más emblemáticas de toda la ciudad de Santiago de Cuba. Situada frente al puerto, se extiende desde la calle Calixto García hasta la de Aguilera, con una longitud aproximada de 400 metros. Tiene más de siglo y medio de existencia y desde su construcción ha sido un ícono de la capital oriental cubana.

El origen de esta Alameda, se remonta a 1833, cuando el brigadier Juan de Moya, gobernador de la provincia, ordenó disecar las zonas pantanosas de la orilla del puerto y surgió la calle María Cristina, nombre de quien era en esa época la Reina regente de España. Allí nació el barrio de la Marina. Por esos tiempos surgió la idea de construir un paseo en esa parte de la entrada marítima de la ciudad (muy importante entonces) que pronto contó con el apoyo de las autoridades coloniales españolas.

Sin embargo, no es hasta el año 1859, que el gobernador del Departamento Oriental, mariscal de campo, don Juan Téllez, puso todo su empeño para realizar el proyecto y se construyó la Alameda, que en su honor llevó como nombre Alameda Téllez. Esta obra favoreció a la importante área comercial que ya había surgido en el barrio de la Marina. Escribe un historiador: “con sus verjas, mobiliario diverso, calles y paseos, árboles, así como fuente central, hicieron de El Paseo de la Alameda un sitio de recreo y diversión de toda la sociedad santiaguera.”

El Paseo de la Alameda tuvo, a través de los años, varias remodelaciones. En 1893 se llevó a cabo la primera de ellas, impulsada por un alemán residente en Santiago de Cuba: Hermann Friedrich Wilhelm Michaelsen, a quien le llamaron benefactor de la ciudad. A este alemán, que todos terminaron por conocer como “Germán” Michaelsen, fue uno de los más sobresalientes exponentes de la cultura en la capital santiaguera durante varias décadas, desde fines del siglo XIX a inicios del XX.

Michaelsen fue fundador del Club Náutico y formó parte de la comisión encargada de dirigir la reconstrucción de La Alameda. Es en esa zona, gracias a sus gestiones, se estableció la Cocina Económica para facilitar la alimentación de personas con pocos recursos. A Michaelsen se le nombró Hijo Adoptivo de la Ciudad y tras su muerte, el 8 de diciembre de 1928, el paseo fue denominado Alameda Michaelsen. Hoy, todavía hay muchos santiagueros que la llaman así. “Los fines de semana, las más bellas señoritas y elegantes caballeros, iban de paseo por La Alameda, unos en coche, otros a pie, ellas luciendo sus lindos vestidos y ellos sus sombreros.” Sin embargo, el esplendor de la Alameda fue deteriorándose con el tiempo y en 1920, estaba en plena ruina. Fue el alcalde, doctor Desiderio Arnaz Alberni, quien emprendió la obra de reconstrucción con la ayuda del sector comercial y el pueblo. El 25 de julio de 1929 fue reinaugurado con un nuevo proyecto, el cual incluyó dos Arcos de Bienvenida y un mayor vínculo del espacio público con el mar.

El Reloj de la Alameda (donado por la Cámara de Comercio de la ciudad), llamado La Torre de Arnaz (en honor al Alcalde), fue instalado por la joyería El Brillante de Venero y Hermanos, de acuerdo al proyecto del arquitecto Antonio Bruna Danglad. Pero hoy la imagen de El Paseo de La Alameda, es la que se hizo entre 1949 y 1951 por el alcalde Luis Casero Guillén. Aunque se mantuvo la sobriedad y elegancia de siempre, fueron erigidos monumentos a José Martí, Germán Michaelsen, Sir Lambton Lorraine (capitán de la fragata Niobe, quien impidió que los españoles siguieran ejecutando a los patriotas cubanos del vapor Virginius, en 1873) y la señorita Clara Burton (fundadora de la Cruz Roja Internacional).

Este trabajo fue tomado de aquí.